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jueves, 2 de mayo de 2013

Martorell, un portero que salvaba goles y vidas


El viernes 7 de mayo de 1937 los disparos aún sonaban en las calles de Barcelona a pesar de que la CNT había llamado a sus hombres a poner fin a la revuelta anarcosindicalista que enfrentó de manera brutal al gobierno de la República y a la Generalitat. La lucha contra la sublevación franquista se convirtió en una guerra fratricida entre los partidos y sindicatos de la izquierda catalana. Cuando el sol comenzaba a ponerse, Alberto Martorell acabó su jornada de trabajo en el hospital Clínico de Barcelona. El portero del Español compartía la meta perica con su trabajo como médico al lado de su hermano Fernando. Los dos se iban a convertir en figuras esenciales para el desarrollo de la Angiología y la cirugía cardiovascular en España.

En esos días de aquella semana sangrienta en Cataluña, Alberto compaginó sus estudios y trabajo de cardiólogo con las urgencias que minuto tras minuto llegaban al hospital que tenía la entrada en el Carrer Villarroel. Martorell dejó Barcelona el sábado 1 de mayo en autobús para desplazarse hasta Valencia, donde el Español se jugaba el título de la Liga Mediterránea, el torneo con equipos catalanes, valencianos y murcianos que se jugó entre el 31 de enero de 1937 y el 2 de mayo en la zona controlada por el gobierno republicano.

Una semana antes, el Español había perdido con el Barcelona 2-0 y a la última jornada llegaba con 19 puntos por 18 de los culés. Los pericos cerraban el campeonato en Mestalla y el Barça contra el Nástic en Les Corts. El título se vistió de azulgrana ya que Martorell y los suyos perdieron el domingo 2 de mayo 4-3 en Valencia y el Barcelona venció su partido por 5-1.

Al regreso de Valencia, Martorell se encontró con una ciudad en llamas, llena de barricadas y cadáveres. Barcelona fue el foco principal en la primera semana de mayo de la lucha entre el POUM (Partido Obrero Unificado Marxista), que se había posicionado contra Moscú hasta el punto de ser severamente crítico con las purgas stalinistas, y la Generalitat y el Gobierno de la República, ambos ya bajo el único apoyo, y a la vez control, de la Unión Soviética. La lucha provocó cerca de un millar de muertos y uno de los casos más controvertidos de la Guerra Civil, la desaparición y muerte de Andreu Nin, dirigente del POUM. Con el paso de los años se supo que fue ordenada por Alexander Orlov, miembro del NKVD soviético que en 1938, temeroso de ser víctima de la Gran Purga de Stalin, desertó a los Estados Unidos. Durante esos días, Alberto Martorell fue uno más de los doctores que en el Clínico, hospital y Universidad, trabajó a destajo para evitar muertes. No podía saber que su afán por salvar vidas sin mirar carnets ni banderas le iba a pasar factura en el futuro.




Martorell, con la selección española.

Nacido en Madrid en 1916 en el seno de una familia prototipo de la burguesía catalana, a los dos años llegó a Barcelona porque su madre (Emilia Otzet) no entendía la vida fuera de su ciudad. Si su hermano Vicente le llevó por la senda del deporte, al que quiso y cuidó durante toda su vida al margen de ser jugador de fútbol (llegando a la selección) y practicar el hockey hierba, el rugby y el tenis, otro hermano, Fernando, le animó en sus estudios de medicina.

Creció jugando en el colegio y en las calles cercanas a la Diagonal mostrando buenas dotes como delantero. Su primer equipo fue la Peña Montserrat, donde cambió el hacer goles por detenerlos a causa de un 'accidente'. En un partido, el árbitro señaló un penalti y el portero del equipo de Martorell se enfadó tanto que se fue del campo. Alberto se colocó bajo palos. No paró el lanzamiento, pero hizo tantas paradas que inició una carrera que se cerró con 123 partidos en Primera en 1945 y cuatro con la selección.

Fue creciendo en el mundo del fútbol hasta llegar al Español, pero nunca olvidó que su verdadera vocación era la medicina. Sus estudios, con el corazón como especialidad, marcaron su juventud. Aunque llegó a la entidad blanquiazul en 1933 (debutó contra el Granollers en un partido de la Campeonato de Cataluña), hasta pasada la Guerra Civil no pasó a formar parte del equipo profesional.

Antes del estallido de la guerra, como nunca recibió dinero del club, se le 'regaló' un coche... que tuvo que acabar pagando él por no haber dinero en las arcas del club. Su Ford, para no ser requisado por las milicias, fue desmontado pieza a pieza por un amigo mecánico que guardó cada una de ellas en su taller. Una vez acabada la Guerra Civil, en 1940, le volvió a dejar el Ford como antes del 18 de julio de 1936.



Martorell, jugando al tenis.

La entrada de las tropas nacionales en Barcelona (26 de enero de 1939 al frente del general Yagüe) convirtió en sospechoso a todo aquel que decidió quedarse en su ciudad y no mostró su apoyo a Franco. Fue el caso de Martorell, cuya vida siempre había viajado al margen de la política y centrada en el deporte y la medicina. Se demostró que su única tarea durante la guerra fue la de salvar vidas y jugar al fútbol, lo que evitó que fuera fusilado o enviado a presidio, pero sí tuvo un año de sanción deportiva acusado de no haberse pasado a la zona nacional. Ese castigo hizo que no pudiera ser campeón de Copa en 1940 (Español 3-Madrid 2), pero sí jugó la final del año siguiente, la que el Español perdió en Chamartín por 3-1 contra el Valencia.

Cada vez más seguro de que la medicina era su gran vocación, Martorell rechazó ofertas de Barcelona y Madrid. Su familia era, y es, una de las tradicionales en la historia del equipo perico. Él mismo, una vez retirado, fue nombrado directivo el 20 de octubre de 1945. A los 30 años decidió dejar de jugar y se entregó el cuerpo y alma a la Angiología, llegando a ser una referencia mundial en esa especialidad. El 7 de julio de 1959 creó en Barcelona la Sociedad Española de Angiología y sus dos hijos, Mari Paz y Alberto, se convirtieron también en cirujanos cardiovasculares.

Si como jugador acumuló miles de anécdotas que plasmó en el libro 'Veinte años de fútbol... me enseñaron que', también las tuvo en los quirófanos. Siempre recordó aquella vez que explicaba a los familiares de un operado la forma en la que la anestesia hacía efecto y que el indicio del efecto estaba en la pupila. Entonces, uno de los familiares si afectaba que el intervenido tuviera un ojo de cristal.

El 22 de noviembre de 2011, a los 95 años, se apagó la vida del portero que se formó al lado de Ricardo Zamora. Se iba un españolista de corazón (su sobrino Ferrán fue presidente del club), un hombre del que nadie nunca habló mal, que se volcó en ayudar a los demás desde su especialidad, un amante del deporte y de sus valores, que nunca ocultó la vergüenza que le suponía ver el dinero que se movía en el fútbol y que defendió siempre que "Cataluña tiene un gran club con el Barça, que ojalá siga ganando muchas cosa, pero necesita al menos otro equipo fuerte".

Fuente y fotografias del reportaje: http://www.marca.com

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