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domingo, 1 de septiembre de 2013

Casillas, como Zubizarreta en 1993-94

El debate en torno a la titularidad de Iker Casillas en el Real Madrid se ha convertido en uno de los temas estrella del comienzo de la liga 2013-14, una temporada que finalizará con la disputa de la Copa del Mundo de Brasil y que representa en este momento una de las grandes preocupaciones del guardameta español. La situación por la que está pasando Iker en este momento recuerda a la que sufrió Andoni Zubizarreta en 1994, cuando fue relegado a la suplencia en el Barcelona en plena temporada mundialista.
“Hoy no juegas, prepárate para el calentamiento”. Era Johan Cruyff, minutos después del almuerzo previo al encuentro de liga Barcelona-Racing de Santander. Zubizarreta asumió las palabras y telefoneó a su esposa. En pocas horas iba a ser suplente de Carles Busquets (el padre de Sergio), al que tendría que tranquilizar y ayudar en su inminente debut en primera división. Llegaba al Camp Nou el Racing de Santander, con el veterano Setién, el prometedor Ceballos y el dúo llegado del frío: los dos Dimitry, Popov y Radchenko.  
La preocupación por el peligro cántabro había pasado a un segundo plano para Andoni Zubizarreta. Su mente repasaba cada movimiento de las dos rondas previas superadas en la Liga de Campeones, como el día que asistió desde su portería a la exhibición que sus compañeros realizaron ante el Dynamo Kiev; todo era perfecto entonces. Zubizarreta analizó todas las jugadas en las que sus pies no se adaptaban a la nueva regla, aquella que obligaba a los porteros a jugar con el pie si recibían la pelota de un defensa. Juró que mejoraría, como así le había pedido Johan Cruyff en tantos entrenamientos. Asumida la suplencia, Zubi recordó el partido de una semana antes en Madrid, el día que el Atlético de Madrid fue capaz de remontar tres goles al Barça, los tres de Romário. La nueva suplencia era quizá un toque de atención, al fin y al cabo Andoni conocía mucho a Johan y sabía que, de vez en cuando, al holandés le gustaban las mini-revoluciones para hacer despertar a los suyos.
Puede que volviera pronto a la portería. Pero algo decía a Zubizarreta que aquella suplencia representaba una declaración de intenciones para el futuro. Su final en el Barça estaba cercano. Busquets tuvo un encuentro sencillo y se mostró feliz ante los medios. Soñaba con jugar un partido en la liga (antes ya había disputado la final de la Recopa de 1991, pagando con creces su inexperiencia). Carles tampoco lograría triunfar posteriormente en el Barça, pero aquel 7 de Noviembre estaba en el lugar correcto para hacerlo.
Zubizarreta siempre fue un portero de otros tiempos; la sobriedad era su sello de identidad. Económico en sus movimientos y especialista en la buena colocación bajo palos, Zubi no hacía palomitas, no paraba demasiados penaltis. Chillaba lo justo, pero siempre buscando el consenso con su defensa. En su mejor época era un seguro de vida y su presencia no alteraba el estilo de su equipo. Él siempre estaba allí ante una incontingencia. Lo hizo con el Athletic campeón de Clemente (donde ambos fraguaron una confianza que se transformó en amistad), y más tarde en el Barça de Johan Cruyff. Tras aquella suplencia de noviembre de 1993, Clemente fue el mejor aliado para el cancerbero titular de la selección, un amigo inseparable. Pero algo inesperado iba a ocurrir.
España-Dinamarca, otro momento duro
La selección española se jugaba la clasificación para el mundial de Estados Unidos en un decisivo partido frente a Dinamarca. El encuentro llega unos días más tarde de la primera suplencia de Zubi, y el vasco vuelve a sentirse importante en el entorno del equipo nacional, esperando certificar junto a sus compañeros el pase a la que sería su tercera fase final. Nadie discute la titularidad de Zubizarreta, con más motivo cuando unos días antes el meta suplente, Lopetegui, abandona la concentración al estar indispuesto. Llega Santiago Cañizares para sustituirle, un portero que está realizando una gran campaña en las filas del Celta de Vigo.
A la hora del partido Zubi está en su lugar, defendiendo el marco de la selección como había hecho durante los ocho años anteriores. El Sánchez Pizjuán de Sevilla está repleto para llevar a España en volandas. A pocos minutos de iniciarse el encuentro un malentendido entre Nadal y Zubi lo aprovecha Michael Laudrup. Zubizarreta comete una imperdonable falta y es expulsado; el mundo se le viene encima. Un Zubi abatido se marcha al vestuario y en ese momento, su sustituto Cañizares hace el partido más espectacular de su carrera, salvando con sus actuaciones a la selección española.
Zubi siguió en el banquillo unos cuantos partidos más. El experimento con “Busi” no tuvo éxito y tras una bochornosa e histórica derrota en casa frente al Lleida, Cruyff vuelve a replantearse contar con el cancerbero. Zubi regresa y el Barça comienza una escalada hacia la gloria que vive su punto culminante con la conquista del cuarto título de liga consecutivo. Parece que los ánimos han vuelto a su cauce y que la desconexión entre   el técnico y su portero fue una crisis pasajera. Johan Cruyff sólo necesitaba una excusa para volver a encender la guerra, y ésta iba a llegar en el estadio Olímpico de Atenas. Con el 4-0 sufrido en la final de la Liga de Campeones, Zubizarreta abandonaría el puesto de portero azulgrana para siempre. Jugaría el mundial con España, y el Valencia se interesó de inmediato por su futuro, pero muchos ya veían en él un guardameta acabado, inadaptado a la época.
Iker Casillas está viviendo actualmente un momento muy similar al de Zubizarreta en 1994. Hablamos de dos casos diferentes, casi incomparables. La trayectoria de Iker Casillas es superior a la de Zubi y por tanto su crédito ante la afición y los medios es mayor que la que tuvo el ex de Athletic, Barça y Valencia. Casillas sigue preocupado por ese mundial que asoma y por los partidos que ya no volverán. Sabe que hasta las leyendas más grandes tuvieron que decir adiós alguna vez, pero Iker no quiere volver a ver su nombre escrito en el banquillo de los suplentes. Iker quiere volver a sentir en su piel la soledad del portero...
Fuente y fotografia: http://www.futbolprimera.es

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