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domingo, 13 de octubre de 2013

Antonio Pérez: "Courtois es mi favorito, manda en su parcela"

Antonio Pérez sigue hablando de su etapa en el Atlético y también se refiere al fútbol actual: “Ahora se juega a esperar el fallo del rival. Me gusta mucho Courtois".

Los aficionados de su época hablan maravillas del Metropolitano, un estadio que consideraban diferente a todos...
—Era un campo en el que se notaba mucho la presión del público. Impresionaba mucho ver llena lo que se conocía como la gradona. En ella, que estaba en rampa, cabía mucha gente y era espectacular. Y también la grada lateral, siempre repleta. Cuando la gente animaba se dejaba sentir de verdad. Era impresionante. En una ocasión, en vez de entrar por donde lo hacíamos los jugadores, lo hice por donde se accedía precisamente a la gradona y no querían dejarme pasar, pues se pensaban que era alguien de la calle que me quería colar. Pero yo le dije a quien me lo impedía: “Vas a ver si paso o no paso. Y ya lo creo que pasé”.
—Tuvo como entrenadores a Ricardo Zamora y a Emilio Vidal...
—Zamora, cuando sabía que venía la prensa a ver los entrenamientos, bajaba al campo y se ponía a entrenar. Pero cuando no acudían los periodistas se quedaba en la grada durmiendo porque había estado jugando a las cartas toda la noche. Cuando cesó Zamora, yo le dije al presidente que tenía un entrenador muy bueno. Era Emilio Vidal, que había entrenado al Castellón. Vidal vivía en Nules y le dije que si le interesaba entrenar al Atlético. Yo le comenté que yo que él lo haría hasta gratis. Llegaron a un acuerdo y estuvo dos temporadas en el Atlético.
—¿Cuál era su principal cualidad como portero?
—Según decía la prensa de la época, yo era el portero más seguro de España. Salir de la portería no me daba pena. Antes el juego era muy diferente al de ahora y si no salías de la portería estabas perdido. Incluso era algo que te lo recriminaba la prensa. Los periodistas te lo decían: “Si hubiera salido a por ese balón...”. Y tenían razón. Era verdad. Podías fallar un par de veces a la hora de salir de la portería, pero en la gran mayoría de las ocasiones te anticipabas al juego del rival. Si un portero sale, corta muchos balones. Me gustaría contarle otra de las anécdotas que me pasó jugando.
—Encantado de escucharle...
—Recuerdo con mucho cariño un partido ante el Sevilla. El encuentro estaba prácticamente acabado ya y Aparicio hizo penalti. El propio Aparicio dijo que íbamos a perder el partido y yo le comenté que si lo tiraba Campos, un extremo izquierdo del conjunto sevillista, lo paraba. Le conocía bastante bien y sabía por dónde lanzaba los penaltis. El gran Alfonso Aparicio me dijo que si paraba el penalti tenía toda la semana las cenas pagadas en Madrid. Paré el lanzamiento, lanzándome a mi derecha. Saqué largo con la mano a Juncosa, quien tras una gran carrera, marcó y ganamos el partido. Todo el Sevilla se había ido al área para ver el lanzamiento del penalti y Juncosa se había quedado adelantado. Al final vencimos y cené toda la semana gratis por Aparicio. Alfonso fue muy grande. Nunca le vi dar ninguna patada a ningún rival. No era de esos de pegar. Era una persona muy noble. El Atlético tenía un gran equipo, con una delantera muy buena, pero también con gente importante en la media, como Farías, Gabilondo, Cuenca... Y atrás, el Trío de Cemento Armado, como ya le comenté.  
—Defendiendo la camiseta del Atlético se enfrentó al equipo argentino del San Lorenzo de Almagro, en las navidades de 1946. Cuentan las crónicas que el campeón argentino causó impresión en su visita a España y que eran unos jugadores adelantados a su tiempo. ¿Lo recuerda de esta forma?
—Claro que sí y es cierto todo lo que se dijo de ellos. Era un fútbol mucho más adelantado a nuestro tiempo. El conjunto argentino nos ganó 1-4 en el Metropolitano e hizo un gran encuentro. En nuestro país los porteros estábamos acostumbrados a que los delanteros chutaran con fuerza al cuerpo. Y los argentinos lo hacían buscando colocar el balón junto a los palos. Con suavidad. Muchas veces entraba la pelota. Y otra se les marchaba fuera por muy poco. Era algo nuevo para todos. Jugaban con mucha sutileza y para los porteros era muy complicado alcanzar el balón de la manera que ellos chutaban. (La línea delantera del San Lorenzo de Almagro tenía el apodo de Los Ciclones de Boedo y estaba integrada por Imbelloni, Farro, Pontoni, Martino y Silva. La afición rojiblanca se quedó boquiabierta en ese partido con el juego de triangulaciones y pases de los jugadores argentinos).
—El fútbol de ahora poco tiene que ver con el que usted conoció...
—Ahora se juega más en medio campo y si no eres muy apasionado, hay muchos partidos que no te gustan. Antes se buscaba mucho el gol y los partidos acababan 5-4, 4-2, 4-0... En la actualidad juegan pensando en que falle el rival y ver si así marcan un gol. Antes se jugaba al ataque y a hacer goles.
—Usted comenta que era un portero seguro, pero también habría grandes cancerberos. ¿Se queda especialmente con alguno?
—Casi todos los porteros que jugaban en Primera tenían un nivel muy bueno. Juanito Alonso, del Real Madrid; Ramallets, del Barcelona; Busto, del Sevilla; Argila, del Oviedo... Había muy buenos porteros, esa es la verdad. A mí el que más me gustaba era Martorell, del Espanyol. Los porteros tienen que hacer lo fácil, fácil, y lo difícil intentar que también sea sencillo. Y hay algunos porteros que no lo entienden de esta manera. Y así muchos creen que para parar bien tienen que dejarse caer y marcarse un paradón. Pero a mi modo de entender no es así.
—Hago un pequeño inciso en el fútbol de ahora y como exportero, ¿cuál es el cancerbero que más le agrada de los que juega en nuestro país?
—Me gusta mucho el del Atlético (se refiere a Courtois). Manda en su terreno. Un portero tiene que mandar en su parcela. El del Barcelona, Valdés, también me agrada mucho y me parece un gran portero.
—Volvamos al fútbol de antes, de la mitad de los años 40... Usted jugó en el Atlético tres años, uno como Atlético Aviación y los dos restantes como Atlético de Madrid...
—Es cierto. El primero año teníamos la denominación de Aviación y en los dos siguientes ya jugamos con el nombre actual, con el nombre de la ciudad. Fue curioso lo que nos pasó y es historia del club madrileño. (El 14 de diciembre de 1946 el Ministerio del Aire decidió solicitar al club rojiblanco que prescindiera del uso del término Aviación. El presidente, Juan Touzón, leyó a sus compañeros de Junta esa comunicación, se deliberó cuál debía ser el nuevo nombre y no hubo ninguna discusión al respecto: a partir de esa fecha se llamará Club Atlético de Madrid. El nuevo nombre del club figuró en los carteles el 6 de enero de 1947. Pero ese hecho no le dio suerte al equipo, ya que fue derrotado por el Sabadell por 1-3. Ese año el Atlético perdió la Liga en el último partido ante el Real Madrid). Pero lo mejor de todo fue el motivo por el que me tuve que marchar del Atlético.
—¿No fue por una causa deportiva?
—No, se suele decir que cada uno es como lo han parido y un mes y medio antes de acabar mi contrato con el Atlético, mi mujer cogió frío en los huesos y me dijo que no podía ser, que teníamos que volver a casa. En Madrid hacía mucho frío y yo le comenté mi situación al presidente. Le dije: “Don Juan, no sé si usted tiene pensado que yo siga en el equipo o que no lo haga. Pero no me voy a quedar, pues me pasa esto con mi mujer. Y para mí la familia está por delante que el fútbol”. Don Juan Touzón lo entendió y yo decidí volver a casa, a nuestro clima. Posteriormente jugué  en el Valencia, donde también estuve tres temporadas.
—Ya defendiendo la camiseta del Valencia, perdió otra Liga, otra vez en el último partido y en el mismo campo, en el Metropolitano. En esa ocasión fue el Atlético campeón de Liga...
—Ya le dije que había perdido dos Ligas en el mismo escenario, en el Metropolitano, y en el último partido. Sólo que en esta oportunidad lo hice como visitante. Fue con el Valencia y empatamos a cuatro goles. Fue en la campaña 1949-50 y el empate le valía al equipo madrileño mientras que nosotros teníamos que ganar. Al final hubo tablas en el marcador. Nos pitaron dos penaltis en contra, y yo me paré uno. Pero al final no nos valió para nada. Aquel día todo fue en contra del Valencia. El árbitro no quiso que ganáramos.
—Don Juan, ha sido un placer  compartir con usted un rato tan agradable...
—Igualmente. Y que sepan que me están haciendo una biografía. Creo que no faltará mucho para que salga publicada. Para mí fue una etapa muy bonita los años que estuve en el Atlético. Los guardo con mucho cariño.
Fuente y fotografia: http://futbol.as.com

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