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domingo, 26 de enero de 2014

Willy Caballero, el portero que le atajó un penalti al destino

Guillermina se recuperó por completo y el cancerbero argentino regresó a España para retomar su carrera en el Elche antes de recalar en el Málaga

Además de ser un portero excelente, tal vez el mejor de la Argentina en este momento, y de que hasta los propios aficionados del Málaga lo hayan pedido a gritos para la selección albiceleste, Willy Caballero es un luchador. Un valiente que le ganó a los golpes del destino. Un padre, que junto a su mujer, libraron una dura guerra contra un cáncer que se le había detectado a su hija pequeña. Estuvo a punto de dejarlo todo, de guardar sus guantes para siempre, pero la vida le regaló una nueva oportunidad en el fútbol y la enorme felicidad de que Guillermina tuvo el tesón y las herramientas necesarias para ganar su propia pelea, la más difícil de todas. Willy Caballero es un ejemplo para el fútbol. Un hombre que le paró un penalti al destino.

Desde muy chaval, todos los pronósticos eran muy prósperos para la carrera del joven Caballero. Fue campeón del mundo con la selección Sub 20 en 2001 (el equipo de Saviola, Máximo Rodríguez y D’Alessandro, dirigido por Pekerman) y empezó a defender la portería del prestigioso Boca Juniors. Pero la falta de oportunidades (era suplente del intocable Abbondanzieri), lo llevó a hacer las maletas y arribar al Elche. Solo llegó a disputar diez partidos en su primera temporada. En 2006, los médicos le detectaron a su hija Guillermina un cáncer de retina. Fue un golpe durísimo en su corazón. Y entonces, Willy dejó el fútbol para estar cerca de su pequeña. Se volvió a la Argentina y se alejó del fútbol. El balón, lo tuvo claro, era absolutamente secundario. “Fueron seis meses muy duros. Después de haber vivido el problema y la enfermedad de mi hija, uno tiene la mentalidad de que primero pase todo eso y después, volver a jugar, de disfrutar del vestuario y del fútbol. Pero creo que tendría que haber sido muy egoísta y muy ambicioso en ese momento si pensaba que me iba a suceder todo lo bueno que estoy viviendo ahora”, le confesó tiempo después a este cronista. “Guillermina fue un ejemplo, por supuesto. Pero un ejemplo en muchos sentidos. En la valentía, en cómo respondía a los tratamientos. Nosotros sufríamos, pero ella estaba muy contenta. Cuando la gente grande pasa por esos tratamientos no se puede ni mover, y vos ves a los chicos que están como si no pasara nada... Eso te llena de ganas, de emoción. Fue un punto de inflexión para mi carrera. Y estoy agradecido de que se curó, que es lo importante, claro”.
Luego de seis meses sin jugar, Willy tomó impulso en Arsenal de Sarandí, a medida que su hija daba pasos en su recuperación. Recobró la alegría y las ganas de jugar. Luego volvió a España, y en este punto, la historia ya es más conocida. Hoy, Guillermina, que ya tiene 11 años y goza de muy buena salud, y Aitana, la bebé de menos de un año, verán junto a mamá Lucía el partido del Barcelona y el Málaga por televisión. Solo tendrán ojos para el único héroe en esta historia. El portero que con su familia le ganó una batalla al destino. 
Fuente y fotografia: http://www.sport.es/

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